1.
Forrar una asadera rectangular con papel film y untar con aceite. Reservar.
2.
Disolver la gelatina sin sabor en el agua fría en un bowl y dejar reposar por 10 minutos.
3.
Colocar el azúcar, jarabe de glucosa y 4 cucharadas de agua en una olla. Dejar que hierva a fuego mediano-alto. No revuelva más una vez que soltó el hervor. El caramelo debe tener 120 C de temperatura o estar a punto bolita. Una vez que alcanzó el punto deseado, incorporar el puré de calabaza, canela, jengibre, nuez moscada y pimienta.
4.
Batir con batidora eléctrica a velocidad bien baja. Con cuidado, rociar el caramelo caliente en el borde del bowl, en forma constante. Aumentar la velocidad a mediana/alta y agregar la sal. Mezclar bien hasta que quede bien duro, brillante y de color blanco (más o menos 15 a 20 minutos). Raspar los bordes del bowl con una espátula para que se mezcle bien.
5.
Añadir el colorante y batir por otros 2 a 3 minutos, hasta que esté bien homogéneo.
6.
Estirar la preparación sobre la asadera y dejar reposar por 8 horas o más, idealmente durante toda la noche.
7.
Mezclar el cacao con el azúcar impalpable y la maicena en un bowl. Reservar.
8.
Una vez que el marshmallow se puso bien duro, cortarlo con un cortante o cortapasta y pasarlo por la mezcla de cacao, y revestirlo bien de todos lados. Los marshmallows quedan más ricos si se sirven frescos, pero se pueden almacenar en un recipiente hermético por un mes. Si los guardó, páselos nuevamente por cacao antes de servir.