1.
LEVAR DE NOCHE EN EL REFRIGERADOR: En un tazón grande, disuelve la levadura en agua. Agrega la mitad de harina y sal y mezcla bien. Incorpora el harina restante de puño en puño, batiendo bien después de cada adición. Cuando la masa se ha formado, coloca sobre una superficie ligeramente enharinada y amasas hasta que quede suave y flexible, aproximadamente 15 minutos. Coloca la masa en un recipiente espolvoreado con harina, cubre con pástico autoadherente y refrigera durante toda la noche.
2.
ELEVAR DE MANERA CONVENCIONAL: En un tazón grande, disuelve la levadura en ½ taza de agua. Incorpora 125 g de harina y mezcla bien. Cubre el tazón con plástico autoadherente y deja reposar hasta que se esponje, aproximadamente 1 hora. Incorpora el agua restante, harina y sal y bate bien. Cuando la masa se haya formado, coloca sobre una superficie ligeramente enharinada y amasa hasta que quede suave y flexible, aproximadamente 15 minutos. Coloca la masa en un recipiente espolvoreado con harina y cubre con plástico autoadherente. Deja reposar hasta que duplique su volumen (este proceso tarda de 2 a 3 horas).
3.
Desinfla la masa y extiéndela sobre una superficie ligeramente enharinada. Divide en 2 partes iguales y deja reposar de 10 a 15 minutos (mientras preparas los demás ingredientes para la pizza). Precalienta el horno a 230°C.
4.
Extiende la masa sobre tus nudillos cerrados y lanza hacia arriba en forma giratoria. Repite la operación 2 ó 3 veces hasta que obtengas el tamaño deseado. Coloca la masa en una charola para pizza ligeramente engrasada.
5.
Primero embarra la salsa de la pizza y despúes agrega los ingredientes deseados. Hornea de 8 a 10 minutos o hasta que se vea dorada. Deja enfriar durante 5 minutos antes de servir.